El amor por aquí crece sudado, pura sangre, en cualquier parte. Su naturaleza está fundida a la tierra vaciada y rellenada, a su saliva turbia. Lejos, de otro mundo, la ciudad es su cruz de fierro, su cerrojo más triste y su espejo imposible. Hierve sola, desierta, la espesura de este amor que va por agua. Amor a medio vestir, que alumbra cardos en el sucio terraplén y en el baldío poceado, frente a la carnicería.
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